Mostrando entradas con la etiqueta derechos humanos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta derechos humanos. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de febrero de 2014

Los niños de la ONU

El Comité de Derechos del Niño de la ONU ha hecho recientemente una condena al Vaticano, reiterando el enjuiciamiento genérico e inconcreto de la pederastia (de la que la ONU no ha acusado a nadie más, ni siquiera a los gays que la promueven y practican abiertamente al amparo de los "derechos" de la ONU). Esa condena venía anticipada e impulsada mediáticamente y, por ello, ha tenido una gran repercusión informativa, especialmente en la prensa adicta al mismo poder siniestro que los gais de todo el mundo; se incluye pues la prensa escandaloso-democrática española, europea y sudamericana.

Redactado con la arrogancia habitual del género, el informe da la impresión que los gais de la ONU son los propietarios de los niños de todo el mundo -sin haberlos parido ni amamantado- y que sus escasamente disimulados afanes de promoción burocrática son más beneficiosos para los niños del mundo que el cuidado amoroso de sus propios padres, familiares y cuidadores a los que, en consecuencia, les pueden privar de sus prerrogativas maternas y paternas en beneficio de los deseos de los estériles y democráticos "progenitores" de la ONU y todo ello sin tener que cuidar a los niños, siempre desde la característica distancia crítica y la neutralidad compulsiva.

No sólo juzgan, sin ser jueces, sin tener competencia jurisdiccional y sin el debido procedimiento legal, a la principal institución moral de Occidente que, por otra parte, no se defiende y que ha sido juzgada ya a nivel local por algunos tribunales por los mismos hechos, aunque de modo algo más concreto, y ha asumido responsabilidad in vigilando sobre sus miembros, sino que hacen una causa general contra ella. Los unonitas desconocen el "non bis in idem" igual que ignoran cualquier principio jurídico penal, pero su osada ignorancia, sus agradecidos estómagos y  su narcisismo compulsivo les impulsa a ir más allá.

El informe contiene una serie de recomendaciones para la Santa Sede relacionadas con el matrimonio, la protección de la vida humana y la sexualidad que coinciden milimétricamente con los intereses actuales del colectivo (sin personalidad jurídica) que integra a todo gay genérico del mundo. Aunque no sepamos quienes lo integran ni quienes lo dirigen de forma concreta, se hace patente en su acción agresiva.

Todas las recomendaciones se orientan a que la Iglesia abandone su pensamiento, su moral, su personalidad y su historia y siga, a partir de ahora, las instrucciones, directrices y declaraciones de "derechos" de la ONU. Podrían pedirle que deje el culto a Dios y la liturgia y, bailando al son de su música insonora, se una a la celebración de las fiestas patrocinadas por la ONU para capturar la afectividad y orientar la agresividad humana.

Y podrían hacerlo porque el poder que actualmente detentan los gais es absoluto (se puede hablar de una gaycracia mundial). Sin ir mas lejos, tienen en sus manos el arsenal nuclear de algunos países y, si pensamos que eso es algo cuyo manejo requiere estabilidad mental, no deja de ser un horizonte aterrador para la humanidad. Pero también controlan la información, la diversión y la algarabía, la extorsión democrática de gobiernos a través de sindicatos, etc., de un modo que explica claramente el analfabetismo funcional de las sociedades occidentales actuales.

Sí quiero destacar que, del mismo modo, que recomiendan a la Iglesia abandonar su pensamiento y adaptarse a la inestable, incoherente, infundada y servil palabrería de sus declaraciones, podrán hacer lo mismo no sólo con otras religiones, también con todo el pensamiento, el arte y la vida misma de la humanidad.

Tendría la ventaja de que todo estaría simplificado "a nivel gay". El pensamiento de los filósofos dejaría de representar un reto de comprensión para las personas inteligentes; la dialéctica de Hegel no sería problema para un estudiante democrático (en realidad, ya no lo es); la hermenéutica de Platón sería una cosa del pasado innecesaria en la sociedad gay mundial; dejaría de ser necesario el esfuerzo de recorrer y ordenar el pensamiento de san Agustín para entusiasmarse con la Verdad; no habría que fatigarse con las clasificaciones y distinciones escolásticas para estructurar el pensamiento; no se requeriría una lectura farragosa para afirmar la importancia de la escolástica española, ni la paciencia para disfrutar la música de Bach o la literatura de Dostoyevski. Bastaría memorizar los cuatro tópicos y clichés habituales en la verborrea de la ONU que se ya aprenden, sin esfuerzo, con la machacona y constante repetición de los mismos en casi todas las televisiones y se refuerzan, con glosas muy precarias, en las escuelas democráticas del mundo.

Pero ese día, en que todo el mundo siga los dictados de la ONU, no habrá ya ninguna persona sobre la tierra, ningún caballero, ninguna señora, ningún noble; todos los seres humanos serán individuos y ciudadanos gais iguales. Me gustaría que las personas afectadas reflexionen sobre lo que eso representa.

lunes, 23 de enero de 2012

Violación de los derechos humanos

Acaba de salir el último informe de la poderosa organización HRW (Human Rights Watch) sobre la violación de los derechos humanos en diversos países y, según cabía esperar, ha tenido una amplia repercusión mediática en todo el mundo acomodado, extremadamente sensible al sufrimiento. Se trata de una organización muy influyente, no escatima medios y denuncia violaciones de los derechos humanos en muchos países lo que produce un impacto mediático casi tan fuerte como la investigación de los crímenes por las televisiones.

No me sorprende la información sobre la abundancia de injusticia en el mundo ni que una parte de ella provenga de la acción de estados que se llaman democráticos y que quizá realmente lo sean. No creo que la injusticia deba ser silenciada de ningún modo y menos aún quedar impune, cualquiera puede denunciarla y es benéfico hacerlo. Pero si me llama la atención este tipo de denuncias donde sólo es contraria a los derechos humanos el tipo de injusticia que no interesa al poder mundial que se mantenga estructuralmente y que, en cambio, silencia otras formas más crueles de manera un tanto selectiva y sospechosa.

Por lo que respecta a España menciona, a modo de buena noticia, que “el violento grupo separatista” ETA renuncia a la “lucha armada”, sin especificar el tipo de violencia que ha ejercido el grupo en esa acción terrorista legitimada por el “derecho humano” de autodeterminación de los pueblos de cuyas iniquidades no se hacen responsables. Igualmente acoge las acusaciones del uso excesivo de la fuerza en la protesta ¿pacífica? contra la visita del Papa, en sintonía con los indignados que, desde su perspectiva, parecen reflejar el estado mental dominante en la península ibérica asolada por la ideología socialista y sin resortes morales ni culturales que sustenten la economía. También cuestiona la lucha del gobierno de México contra el narcotráfico y, aunque ha sido rechazado por el gobierno mexicano, no cabe duda que legitimará y beneficiará a los narcotraficantes; ya es lamentable que el gobierno de un país importante tenga que dar cuentas a este tipo de organizaciones de cómo combate el crimen organizado. Apoyan la primavera árabe sin ver el otoño europeo quizá anunciado ya en unos derechos humanos que caducan y a los que no se ha exigido fundamento.

En todo caso, lo más sorprendente es que estas organizaciones se constituyen en jueces mundiales, por encima de cualquier autoridad jurídica institucionalizada, con una simple ideología de los derechos humanos, sin necesidad de explicar en qué consisten ni definir el derecho o la justicia, lo que, para algunas personas, podría hacerlo indiscernible de sus propios intereses. Con esa ideología juzgan a los estados sin acreditar poseer ellos mismos la legitimación democrática que exigen a los gobiernos; no consta que se hayan sometido a elecciones ni que tengan ningún tipo de representación aparte de la inoficiosa de tenebrosos e innombrables “capitalistas” que las financian e impulsan la ideología de género a nivel mundial a través de ellas. Juzgan sin pasar la “oposición” de los jueces profesionales, sin acreditar una especial cualificación ni un adecuado grado académico, con el apoyo de un simple activismo.

Quizá todo ello sea consecuencia del aprovechamiento de la ignorancia humana que posibilitan unos derechos humanos que todo el mundo considera muy importantes sin poder precisar en qué consisten, algo similar al karma. La duda de que puedan ser usados como una simple palanca para el chantaje y la extorsión de algunos gobiernos o instituciones a la par que una fuente importante de negocio para el dueño de estas organizaciones o una especie de tranquilizante de la conciencia de quienes no estiman a la justicia como virtud personal, no se disipa del todo con estas denuncias; su presunta benevolencia contrasta con la supuesta maldad con que los mercados tratan a los gobiernos cuando les prestan dinero para políticas sociales.