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miércoles, 7 de noviembre de 2012

"Matrimonio" homosexual constitucional

Se acaba de pronunciar el Tribunal Constitucional, por 8 votos contra 3, a favor de considerar matrimonio a las cuadrillas homosexuales que el gobierno terrorista del GAL (Gobierno Asesino y Liberticida), que nombró a la mayoría de los magistrados sentenciadores, equiparó al matrimonio en una ley. 

La sentencia evidencia la tenebrosa simbiosis entre la mafia rosa (indisociable de la mafia negra polanquista y de la mafia roja terrorista-sindical) y el estado laico democrático que, por ese motivo, vengo llamando gaycracia. Forman un conglomerado de extorsión que está aboliendo cualquier discriminación que detectan y no distinguen lo blanco de lo negro, lo verde de lo amarillo, todo es rosa. 

Pero la decisión legal es constitucional, de la misma manera que lo sería equiparar una mierda a un pastel; al fin y al cabo la primera suele ser el resultado de la evolución orgánica del segundo al ser digerido y los productos químicos que los componen no son muy diferentes de manera que, en una democracia igualitaria, no tiene sentido darles un tratamiento legal discriminatorio. No se discute que la constitución que se impuso a España estableciera una democracia igualitaria ciega a las diferencias, salvo que sean a favor de Cataluña en cuyo caso puede ser asimétrica, y el carácter democrático de la decisión del tribunal es incuestionable. 

Indudablemente la sentencia es producto de la evolución y produce una mutación en la bimilenaria tradición de la familia occidental; permite que el poder mafioso se apropie del significado de una palabra especial y la reparta, la democratice, a la par que, con el sistema tributario constitucional progresista, se apropia del trabajo honrado de las personas y lo reparte subvencionando a los colectivos extorsionadores del oscuro entramado negro-rojo-rosa cuya agresividad permite, al poder oculto tiránico, detentar el control social que sostiene la democracia impidiendo a los seres humanos ser personas. 

El principal problema que se presenta es que la equiparación no evitará el asco de las personas por aquello que, en la servilmente depravada mente de los magistrados progres, se asimila a los pasteles. La repugnancia por el estiércol se ha ido atenuando al haber ido convirtiendo constitucionalmente a España en una pocilga pero no acaba de ser agradable para quienes, de algún modo, se lavan cuando se ensucian y no se tragan los productos de la evolución orgánica de los procesos digestivos de la democracia. 

La cuestión que se plantea a quienes quieren seguir comiendo pasteles, sin mezclar con lo que el tribunal constitucional y la ley democrática les equipara, es diferenciar socialmente sus familias y sus alimentos para distanciarse, lo más posible, tanto del tribunal como de los productos equiparados para que se los coma el propio tribunal en el festín en que celebre los pasos de la evolución y, si es posible, que se atragante con ellos o le dé una indigestión. Al poner tierra de por medio, social y culturalmente, deberían dejar sin soporte económico al despótico sistema depredador de la gaycracia para que siga su propia lógica esclavista pero sin manchar la vida de las comunidades humanas personales. De lo contrario van a acabar teniendo que comer aquello que el tribunal constitucional dice que es igual que los pasteles.

lunes, 30 de julio de 2012

Aprovechar la crisis


Si no he entendido mal, la democracia consiste en que los ciudadanos votan para que el gobierno les dé lo que piden sin tener que pagar por ello, totalmente gratis. Cuando un gobierno satisface más ampliamente las demandas de sus votantes más le siguen votando. El gobierno no produce los bienes y servicios, pero los saca, mediante impuestos, de quienes los producen y cuando éstos no dan más de sí mediante deuda pública. De ese modo se instala rápidamente un estado del bienestar porque ningún pueblo con una buena democracia va a dejar de exigir a sus gobernantes el máximo de confort en la vida.

No entra dentro de las cábalas de los votantes que su bienestar sea insostenible, por más que estén plenamente concienciados del crecimiento sostenible. No se sabe lo que cuesta un voto de izquierdas, pero es claro que con él se reivindica todo el bienestar del mundo ¡Y demasiado poco piden los pueblos con el increíble poder que da el voto democrático, demostrando una desmesurada modestia! Pero el voto no produce nada que no sea diputados y, en consecuencia, en algún sitio tiene que manifestarse esa fisura de la lógica. No resulta sorprendente que el estado de bienestar democrático celtibérico esté tan en quiebra como su parienta la Unión Soviética. Tiene la ventaja de que a este paso van a acabar pronto con los últimos restos del franquismo, que ya se desmoronó cuando se levantó la exclusión de los sindicatos de clase y la prohibición del consumo de drogas, está a punto de liquidarse la familia y el trabajo permanente, se deja de incentivar el ahorro por la reivindicación de que fluya el crédito, y la propia Seguridad Social franquista que algunos se han empeñado en prolongar, está en bancarrota y, por tanto, su desaparición completará los esfuerzos de desmantelamiento.

Con los datos económicos disponibles antes de las elecciones era previsible el crac; por eso, el Partido Popular quizá no debió de presentarse a ellas para que los que han hundido a España gestionaran la quiebra y sus votantes pudieran enterarse del coste de las sustancias narcóticas del socialismo, pero les pudo la codicia del poder con su siniestra lógica. Ahora ni siquiera son capaces de explicar la situación que se encontraron, sólo les cabe gestionar los despojos de España con un juego malabar de palabras sobre si nos han rescatado o intervenido.

La izquierda caviar y mediática, ante el desconcierto del gobierno, utiliza las migajas de bienestar en la compra de los votos que necesita para mantenerse parasitariamente en el poder. Satisface a sus votantes democráticamente, con la producción ajena y cuando se hunde el sistema y les falla la vía democrática formal sale a la calle con medidas, también democráticas pero reales, de extorsión: acusan de los recortes al Partido Popular que ganó las pasadas elecciones y presiona con la huelga y el chantaje, los indignados y previsiblemente el terrorismo.

En el improbable supuesto de que el Partido Popular acierte con la gestión económica dejaría un país recuperado para un nuevo intento de democratizarlo en una especie de eterno retorno del socialismo; si fracasa España será pasto de los buitres. Produce desconcierto que el gobierno no afronte el problema básico de las consecuencias de seguir manteniendo con deuda el aparato parasitario y depredador del socialismo con el que pronto volverá al poder.

La salida creo que estaría en aprovechar la situación para constituir una nueva entidad de asistencia a la medida de los españoles. Que integre sanidad, educación, pensiones, instituciones culturales y económicas adecuadas a las necesidades de los trabajadores, que tengan la calidad suficiente y cuyo coste obviamente habrá que pagar con precios y cotizaciones. Para ello bastaría convocar una especie de referéndum y, conforme a su resultado, transferir a su organización gestora la parte correspondiente del sistema de bienestar que ahora detentan las autonomías, el estado, las corporaciones locales, diversos entes autónomos y muchos colectivos.

A la par, habría que dejar la parte alícuota del sistema a las autonomías, sindicatos de clase, partidos de izquierda, indignados, intelectuales orgánicos, titiriteros, terroristas, dirigidos todos por los correspondientes gais, que ahora lo tienen como propio en su totalidad y habría que dejarlo a su propia lógica democrática para que ellos puedan hacer lo que quieran con lo que les corresponda y se complazcan con su bienestar, que sea para ellos y lo disfruten. Sólo habrá que garantizar el mínimo de interferencias de esos colectivos en la organización de los españoles.

No se ve la necesidad de compartir aspectos de la vida económica o cultural con quienes no se tiene nada en común y que, por lo demás, no son receptivos a ningún entendimiento, que amenazan siempre con la extorsión por delante, que parasitan, chantajean y depredan, que definen sus derechos unilateralmente. Los españoles deberíamos compartirlo con los grupos hispanoamericanos o europeos afines a nuestra cultura.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Vuelco electoral y retos

Se ha producido ya el vuelco electoral esperado y hay que felicitarse de la amplia victoria del Partido Popular. Ahora viene el momento de afrontar los difíciles retos derivados de la catastrófica situación en que el socialismo ha dejado sumida a España. Se resume en una enorme crisis social, cuyo principal indicador, la economía, amenaza hacer naufragar el país entero y frustrar cualquier intento de arreglar las cosas.

El socialismo devastador ha dejado un país en quiebra por una crisis que su propaganda masiva ha achacado a los mercados, a la situación internacional y a la burbuja inmobiliaria o del ladrillo de la que ha culpado abiertamente al propio Partido Popular.

Acusar a los mercados de la crisis es hacerlo a los inversores del dinero ahorrado con esfuerzo, en fondos de pensiones, patrimonios familiares, empresas, que, al invertir, arriesgan y que, obviamente, no tienen la misma confianza en los gobiernos socialistas y su entramado de extorsión improductivo que han tenido los votantes beneficiados por sus políticas sociales, casi siempre reducidas a promesas futuras a cambio de votos presentes; que no arriesgan nada votando cada cuatro años a partidos socialistas o comunistas cuya principal característica es sustituir la producción por la extorsión, la moral y la ciencia por la droga y el guirigay que entretiene a los votantes y capta/compra su voto.

Nada han dicho los socialistas nada de las más importantes causas de la crisis: la burbuja educativa, la burbuja gay, la burbuja de la mafia sindical, la informativa dedicada a la propaganda y la burbuja de la vida disoluta de ocio, entretenimiento y de drogas, ni del colapso demográfico que provocan. Ni por causalidad se preguntan que la causa de la crisis pueda ser el sobredimensionamiento del llamado estado del bienestar que las mantiene burbujeantes.

Probablemente el nuevo gobierno tendrá que hacer recortes del gasto para reducir el sector público que se exige in extremis para evitar la quiebra inmediata; implicará pinchar esas burbujas. Seguramente provoque no sólo descontento sino revueltas en aquellos sectores más sensibles para los hirvientes intereses del socialismo que artificialmente viven parasitariamente sin trabajar. Eso irá asociado al reto de las cesiones al terrorismo y el riesgo para la unidad nacional y eso depende más de un proyecto nacional ilusionante que de la moderación. Pero exige afrontar la reacción del mencionado mecanismo de chantaje aliado con la extorsión de los sectores terroristas.

Quizá exija pasar de un sistema educativo de inserción social politizada, basada en las necesidades del sistema, que requiere simplificar los procesos para evitar problemas sociales y que reinserta mejor sin demasiados conocimientos a la tradicional educación basada en la realización personal, el servicio profesional y la excelencia intelectual que, además, es más barata. También presagia riesgos de reacciones violentas.

Estos y otros muchos desafíos tiene el PP por delante. Creo debería afrontarlos de la forma adecuada para sacar a España de la demagogia del socialismo. Debería consolidar instituciones inmunes al expolio para que este gobierno no sea una etapa transitoria de esfuerzos que deje otra vez los logros en manos de los depredadores para volver a comenzar otra vez de nuevo dentro de un tiempo. Instituciones que protejan el trabajo y la empresa, la cultura y la honradez de los grupos sociales innovadores. También podría promover una alianza más amplia, no de civilizaciones como la alucinación de ZP, sino de la comunidad hispana para buscar la solución de las necesidades comunes y plasmarla institucionalmente.

sábado, 28 de mayo de 2011

El resultado electoral

El resultado de las pasadas elecciones locales y autonómicas ha sido un motivo de satisfacción porque, por encima de la patente necesidad de cambio político, ha mostrado la reacción de la población española a seguir por la acusada pendiente por la que íbamos siendo empujados por el socialismo y que directamente conducía a la ruina económica y moral, que nos había situado en un punto de degradación poco menos que irreversible.

Por un lado, ha desautorizado la bellaca algarabía de los comunistas cabreados de la Puerta del Sol que, negando representatividad a los políticos electos, pretendían “democratizar” España por su cuenta, al margen de las elecciones, con la alucinógena fantasía de quien sólo tiene que hacer eslóganes y llamar la atención, lo cual no tendría ninguna importancia de no haber puesto a España al nivel de países norteafricanos en los medios de comunicación internacionales. Han hecho el ridículo más estrepitoso; de hecho ni siquiera se han atrevido a proclamar una república democrática como la de Campuchea o la que, en circunstancias similares, declararon sus abuelos con métodos subversivos que ahora pretenden hacer pasar por pacifistas y democratizadores.

Es, además, ocasión para iniciar no sólo una necesaria recuperación económica, también una efectiva regeneración social, de la que la economía no puede estar separada. Ambas están asociadas al abandono de las nefastas políticas socialistas de la compra de votos con distracciones narcóticas del guirigay televisivo con el único objetivo de mantener en el poder a su casta parasitaria. Están igualmente conectadas a prescindir de la planificación social mediante las políticas del socialismo invasivas de todos los aspectos de la vida personal, familiar y comunitaria, bajo el espejismo de una igualdad radical que se nos impone monocromática para un mundo que es multicolor y que el igualitarismo nos impide percibir. Van finalmente unidas a la sustitución de la verborrea insultante, ineficiente en todo lo que no sea manipulación, por una argumentación serena.

Creo que esa regeneración implica una promoción cultural y económica asociada a la institucionalización de formas de protección social más vinculadas al trabajo honrado, a la educación de excelencia, a la iniciativa empresarial, a la actividad científica y artística genuinas, en detrimento del complejo mecanismo de extorsión sindical y del entramado parasitario de colectivos genéricos que lastran la economía española y menoscaban su potencialidad creativa. A este respecto sería deseable que se desarrollaran valientemente algunas iniciativas protectoras de los grupos humanos vulnerables ante la presión relativista del socialismo que disuelve lo personal para hacer individuos genéricos, adaptables a sus intereses cambiantes y denigrantes.